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Caos, sobreventa y descontrol: así fue la noche del desastre en la fiesta “Promise”

Los asistentes a la fiesta “Promise” coincidieron en calificar el evento como un verdadero desastre. Las fallas en la organización y la falta de control ante el exceso de público transformaron la noche en una experiencia inolvidable, pero por los motivos equivocados.

La fiesta “Promise”, realizada durante la madrugada del 1° de enero en el predio Shibumi (San Vicente), quedó en el centro de una fuerte catarata de reclamos por parte de asistentes del corredor Canning–San Vicente. Según relataron, hubo demoras extremas para ingresar, falta de control, exceso de público en áreas clave y conflictos al momento de ocupar ubicaciones que aseguran, estaban previamente abonadas.

Ingreso colapsado y una fila que “llegaba hasta la ruta”

Según relataron asistentes, la organización informó sobre la hora que el ingreso sería a las 3 de la madrugada del 1° de enero. Con muchos ya en camino en autos particulares o en micros coordinados por el evento, se encontraron con un acceso desbordado y una fila extensa que, en varios tramos, se extendía hasta la ruta.

El malestar se profundizó una vez dentro del predio. El estacionamiento fue señalado como uno de los puntos más críticos por falta de orden, poca iluminación y pasto alto que dificultaba la circulación. “Vi cómo un auto terminó golpeando a otro por la falta de espacio y porque nadie acomodaba el estacionamiento”, relató uno de los presentes.

De acuerdo con los relatos, el evento estaba segmentado en sector general, VIP standing, dos plataformas VIP por edades (+19 y +21), los cuales contaban con 12 mesas y un backstage con 44 mesas. Sin embargo, la dinámica del ingreso habría sido el primer gran foco de conflicto: asistentes aseguraron que todos los sectores entraban por el mismo acceso, sin prioridad ni recorridos diferenciados, lo que generó un cuello de botella y encendió el malestar entre quienes habían abonado ubicaciones VIP.

En cuanto a los valores, los asistentes ubicaron al VIP standing en torno a los $45.000 por persona, mientras que el backstage habría estado cerca de los $60.000 por persona. En el caso de las mesas, los precios arrancaban en $500.000 por grupo, lo que en la práctica implica un costo aproximado de $50.000 por persona si la mesa era para 10.

El mayor conflicto, según los relatos, llegó a la hora de ubicarse en los sectores abonados. Varias personas aseguraron que, al intentar acceder a sus mesas o espacios asignados, encontraron lugares ocupados por otros grupos y que no hubo respuestas claras para resolverlo. “La organización no se hizo cargo: te mandaban de un lado a otro y nadie daba una solución”, sostuvo un asistente.

En medio del reclamo, el mismo usuario contó que no fue un caso aislado: mientras buscaba una respuesta, se cruzó con otras personas que atravesaban la misma situación, sin mesa o sin el lugar que habían pagado. “Empezás a quejarte y te das cuenta de que hay varios en la misma: gente dando vueltas con su pulsera, con el comprobante, y sin lugar”, relató.

“Pagamos por una mesa y terminamos sin respuesta”

Uno de los testimonios más duros describió una madrugada marcada por la incertidumbre: el grupo aseguró haber llegado a su mesa cerca de las 3:40 y encontrarla ocupada por terceros. Para las 4:30, afirmaron, seguían buscando una solución. En ese recorrido, el usuario volvió a encontrarse con más asistentes en idéntica situación: reclamos por mesas inexistentes, sectores saturados y ubicaciones que no coincidían con lo abonado.

Según relataron, en medio de ese desborde también apareció una advertencia interna por seguridad. “El mismo organizador nos dijo que no podía hacer nada y le avisó al de la entrada que no dejara subir a más gente a la plataforma porque se podía caer”, contó el asistente.

“Pasamos por varios organizadores: uno te decía una cosa, otro te mandaba a hablar con alguien distinto, y nadie se hacía responsable”, expresaron. Incluso, denunciaron destrato y falta total de contención ante el conflicto: “En vez de resolverlo, me insinuaron que ‘apure’ el tema con presión. Fue una locura. Nadie nos dio una respuesta y la noche terminó siendo un desgaste”.

En definitiva, muchos asistentes llegaron con la expectativa de recibir el Año Nuevo en un evento organizado y acorde a lo que habían pagado. Pero, según relatan, terminaron atravesando una madrugada de filas interminables, sectores colapsados y reclamos sin respuesta. “Fuimos a pasarla bien y terminamos frustrados”, resumió uno de los presentes. Ahora, varios piden explicaciones y una respuesta concreta por las ubicaciones que aseguran haber abonado y no pudieron ocupar.

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