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Radares de velocidad: crece el malestar vecinal por foto multas excesivas

Tras un choque reciente que dejó la cámara fuera de servicio, el radar de la Ruta 58 volvió a operar con normalidad. Mientras las autoridades destacan su rol en la seguridad vial, los vecinos denuncian multas desproporcionadas, infracciones por velocidades mínimas y una presión impositiva que consideran cada vez más asfixiante.

La reactivación de la cámara de fotomultas ubicada sobre la Ruta 58 reabrió un debate que en Canning nunca termina de cerrarse: ¿herramienta de prevención o máquina de recaudar? Luego del choque que había dejado fuera de funcionamiento el dispositivo, este volvió a operar en las últimas horas y en la comunidad se encendieron otra vez las alertas.

Según relataron vecinos, en los grupos barriales circulan desde ayer mensajes de preocupación, no solo por la repentina reactivación del radar, sino por el impacto económico que viene representando en los hogares del corredor urbano.

Multas “excesivas” y velocidad mínima: los reclamos

El punto que más irrita a los usuarios de la Ruta 58 es el monto de las multas, que describen como “elevadísimamente excesivas”. Muchos residentes aseguran haber recibido sanciones que superan ampliamente su capacidad de pago, incluso por velocidades apenas por encima o, según denuncian, en algunos casos por debajo de lo que consideran razonable.

Los vecinos sostienen que los radares no discriminan correctamente las velocidades mínimas y que cualquier variación captada por el sistema termina convertida en una infracción automática. El reclamo se amplifica en un contexto en el que los impuestos vinculados a la movilidad y el vehículo ya alcanzan cifras que muchos califican como “una fortuna”.

Entre la prevención y la sospecha

Desde el municipio, el argumento oficial siempre fue el mismo: los radares contribuyen a reducir la siniestralidad en una de las zonas más transitadas del sur del conurbano. Sin embargo, para buena parte de los vecinos, la sensación es otra: que los dispositivos funcionan más como un peaje encubierto que como una herramienta de control.

La reactivación del radar después del choque vuelve a poner sobre la mesa la necesidad de revisar los criterios de instalación, calibración y funcionamiento. También reabre la discusión sobre la transparencia en la administración de las multas, su costo real y el destino de los fondos recaudados.

En un corredor en plena expansión con nuevos barrios, comercios, polos gastronómicos y un flujo constante de trabajadores la comunidad reclama reglas claras y controles eficientes, sin caer en abusos que terminen profundizando la tensión entre vecinos y autoridades.

Por ahora, el radar ya está en funcionamiento y la Ruta 58 vuelve a ser, más que nunca, un terreno donde conviven la necesidad de seguridad vial y el fastidio por sanciones que muchos sienten injustas.

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