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Canning volvió a salir a la calle por los cortes de luz y expuso un vacío de representación en la zona

La paciencia se agotó. Vecinos de distintos barrios de Canning marcharon de manera pacífica para visibilizar una problemática que se repite sin respuestas concretas: los reiterados cortes y la baja calidad del servicio eléctrico en la zona. La protesta, organizada de forma espontánea, dejó al descubierto no solo el deterioro del suministro, sino también una sensación creciente de abandono institucional.

Durante la movilización, los reclamos se multiplicaron. En muchos barrios, la baja tensión es constante y los daños materiales ya forman parte de la rutina. “La energía sube y baja todo el tiempo. Eso termina arruinando electrodomésticos que cuestan años de trabajo”, explicó una vecina del barrio Venado, reflejando una queja extendida en todo el corredor.

La falta de respuestas oficiales profundiza el malestar. “No aparece nadie a dar la cara. Vivimos una situación límite: sin generador, en algunos momentos es imposible sostener la vida cotidiana”, señaló un vecino de Saint Thomas, uno de los barrios más afectados. La escena se repite: cortes prolongados, calor extremo y sistemas de respaldo que no todos pueden costear.

Más allá del problema técnico, la marcha dejó un mensaje político claro. “Salimos porque no tenemos quien nos represente”, fue una de las consignas que más se escuchó entre los manifestantes. En ese contexto, llamó la atención la ausencia de ADUES, la federación que nuclea a urbanizaciones especiales del sur, que no acompañó la protesta ni se manifestó públicamente durante la jornada.

La ausencia resulta aún más significativa si se tiene en cuenta que hace poco más de un año ADUES había anunciado un acuerdo de trabajo con Edesur para abordar los cortes de energía en Canning, con promesas de planificación, seguimiento y soluciones a mediano plazo. Sin embargo, para los vecinos, ese entendimiento no se tradujo en mejoras concretas ni en una defensa activa frente a la crisis actual.

Tampoco hubo presencia visible ni pronunciamientos firmes de los intendentes de la zona, pese a que el impacto del problema atraviesa a miles de familias, afecta servicios esenciales y expone falencias estructurales en un distrito que no deja de crecer.

Hoy, Canning enfrenta algo más profundo que los cortes de luz: un vacío de representación real. Vecinos que trabajan, invierten y viven día a día en la zona sienten que sus reclamos no encuentran eco ni en las organizaciones que deberían canalizarlos ni en los gobiernos locales responsables de exigir respuestas.

La marcha fue pacífica, pero el mensaje fue contundente. Cuando la representación se ausenta, la calle vuelve a ser el único espacio donde hacerse escuchar.

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