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Cómo acompañar a los chicos deportistas sin sumar presión

Psicólogos del deporte remarcan que el apoyo de la familia puede hacer la diferencia entre disfrutar o sufrir la práctica deportiva.

Acompañar sin dirigir

La participación de las familias es determinante, pero su rol debe centrarse en acompañar y no en dirigir la carrera deportiva de los chicos. Exigir resultados, comparar con otros jugadores o proyectar expectativas propias puede transformar el deporte en un espacio de presión en lugar de uno de crecimiento.
Los especialistas destacan que los chicos necesitan sentir libertad para jugar, experimentar y equivocarse. La presión excesiva genera miedo al error, frustración y, en muchos casos, disminuye el deseo de continuar con la actividad.

Motivación basada en el proceso

Uno de los ejes centrales que remarcan los psicólogos es la importancia de valorar el proceso por encima del resultado. Reconocer el esfuerzo, la disciplina y las ganas de superarse fortalece la autoestima y ayuda a sostener la motivación a largo plazo.
La exigencia orientada únicamente al marcador final puede generar ansiedad y limitar el aprendizaje. Después de un mal partido o un entrenamiento difícil, lo fundamental es ofrecer contención y escucha, dejando que los aspectos técnicos sean abordados por los entrenadores.

Un entorno saludable dentro y fuera de la cancha

El comportamiento familiar durante los partidos también influye. Mantener una actitud serena, evitar gritos, indicaciones constantes o discusiones con árbitros permite que los chicos se concentren y disfruten más del juego.
Los especialistas recomiendan además que las metas sean realistas y respeten los tiempos de cada chico. El bienestar emocional, la diversión y el desarrollo de valores como el respeto, la responsabilidad y el compañerismo deben tener el mismo peso que la competencia. Cuando el entorno es sano y el acompañamiento es empático, el deporte se convierte en una experiencia positiva que deja huellas que trascenderán la etapa infantil.

Acompañar desde el apoyo, la escucha y el respeto por los tiempos propios de cada chico no solo mejora su experiencia deportiva: también fortalece su autoestima y su vínculo con el esfuerzo, la disciplina y el juego. Cuando la familia se convierte en un sostén y no en una presión, el deporte se transforma en un espacio que potencia lo mejor de ellos—hoy, en la cancha; mañana, en la vida.

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