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Rutas colapsadas y calles intransitables: la otra cara del crecimiento en la zona sur

El corredor sur atraviesa uno de los procesos de expansión urbanística más acelerados de la provincia, pero mientras los nuevos barrios privados, edificios, comercios y emprendimientos multiplican su presencia, la infraestructura vial parece detenida en el tiempo. La postal se repite a diario: rutas colapsadas, accesos saturados y calles internas convertidas en un laberinto de pozos que ponen a prueba la paciencia de cualquier conductor. La zona, que se promociona como uno de los polos residenciales más codiciados, enfrenta hoy un problema estructural que crece al mismo ritmo que su desarrollo.

Los accesos principales que conectan con Canning y vinculan a Ezeiza, San Vicente y Esteban Echeverría exhiben un deterioro que ya resulta imposible de negar. Tramos poceados, banquinas erosionadas, falta de iluminación, cruces peligrosos y obras inconclusas funcionan como un combo perfecto para que cada viaje se transforme en una travesía. En horas pico, circular implica avanzar a paso de hombre entre embudos viales, desvíos improvisados y maniobras que rozan lo temerario. Lo que debería ser un corredor fluido terminó convertido en un catálogo de obstáculos que afecta tanto a vecinos como a trabajadores, proveedores y comercios.

La tensión entre crecimiento y abandono se siente en cada kilómetro. El boom inmobiliario sigue atrayendo a desarrolladores que apuestan por edificios de media densidad, nuevos centros comerciales y complejos de oficinas premium, pero el entusiasmo convive con una preocupación creciente: las calles y rutas no acompañan el ritmo del desarrollo. “El metro cuadrado sube, el tránsito también, pero las mejoras no llegan con la misma velocidad”, repiten vecinos y comerciantes que ven cómo sus tiempos de traslado se duplican y sus vehículos sufren daños constantes.

Los reclamos vecinales llevan años acumulándose y las respuestas oficiales, cuando llegan, lo hacen en forma de promesas, licitaciones demoradas o parches temporales. Anuncios de repavimentación, ampliación de carriles o nuevas rotondas aparecen de tanto en tanto, pero la realidad cotidiana sigue siendo la misma: pozos que parecen cráteres, inundaciones cada vez que llueve y zonas donde la falta de iluminación vuelve peligroso incluso el tránsito moderado. La infraestructura, en lugar de acompañar el crecimiento, amenaza con convertirse en su límite.

Expertos en desarrollo urbano advierten que la situación es crítica y podría afectar inversiones futuras si no se actúa con celeridad. La zona sur vive un momento histórico de expansión, pero ese potencial corre riesgo de quedar opacado por una red vial que no soporta la demanda. Para una región que quiere posicionarse como un lugar deseado para vivir, emprender y crecer, el desafío es tan evidente como urgente: mejorar las rutas y calles para que dejar el auto no siga siendo un acto de supervivencia, sino parte de un día normal. Porque, en definitiva, ningún desarrollo urbano se sostiene si llegar a casa se convierte, cada noche, en el peor tramo del día.

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