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Vecinos sin respuesta: denuncian ruidos constantes y el Municipio de Ezeiza no interviene

Vecinos que viven en el complejo Procrear – Canning sobre el frente de la avenida Mariano Castex volvieron a manifestar su malestar por ruidos molestos reiterados provenientes de Silo Park, un espacio gastronómico y recreativo ubicado en la zona. Según relatan, la música a alto volumen se escucha todos los días de la semana, incluso en horarios nocturnos avanzados, lo que afecta de manera directa el descanso y la vida cotidiana de quienes residen en edificios linderos al predio.

De acuerdo con los testimonios recogidos, en algunos departamentos la cercanía con el lugar es mínima y varias habitaciones (incluidas las de niños) dan directamente hacia el complejo. “Se escucha todo, sin ningún tipo de aislamiento”, describieron vecinos que viven a pocos metros.

Música hasta la madrugada y rutinas alteradas

Material enviado por una vecina.

Los residentes aseguran que la música suele comenzar por la tarde y extenderse hasta la una, dos o incluso dos y media de la madrugada, con mayor intensidad durante los fines de semana y en jornadas con música en vivo. También relataron episodios en los que el volumen se mantuvo elevado desde la mañana o la tarde, incluso los domingos.

Según indicaron, los graves hacen vibrar ventanas y estructuras, dificultando el descanso nocturno y obligando a muchos vecinos a modificar su rutina diaria en función de si hay DJ, eventos o shows programados.

“No es estar en contra de la música, es el volumen y la frecuencia”, explicó uno de los residentes. “Un lunes a la medianoche no se puede dormir”.

Además del sonido proveniente de parlantes o espectáculos, los vecinos mencionaron ruidos asociados a la dinámica del lugar, como conversaciones en voz alta, gritos en sectores internos del predio y el ingreso y egreso constante de motos de delivery.

Llamados a la policía y soluciones momentáneas

Frente a esta situación, los vecinos señalaron que realizaron numerosos llamados a la policía, en distintos días y horarios. Según explicaron, los móviles suelen presentarse en el lugar y, en esos momentos, el volumen baja de manera transitoria.

Sin embargo, sostienen que esa reducción es solo momentánea y que, una vez que los efectivos se retiran, la música vuelve a subir. “El hecho de que bajen la música cuando llega la policía demuestra que saben que está más alta de lo permitido”, expresaron.

Un reclamo formal que no tuvo respuesta

Más allá de los llamados telefónicos, los vecinos aseguraron que realizaron un reclamo formal ante el Municipio de Ezeiza. Según detallaron, en octubre de 2025 presentaron una nota por mesa de entrada solicitando la intervención municipal y controles sobre el volumen y los horarios.

Material enviado por vecinos del complejo Procrear.

Una de las vecinas indicó que entregó la nota personalmente y que desde el área de Inspección General le manifestaron que iban a intervenir y dialogar con el lugar. No obstante, afirman que pasaron las semanas sin recibir respuestas ni soluciones concretas, mientras el problema continuó.

En ese contexto, también describieron una falta de articulación entre los llamados a la policía y el registro de las quejas a nivel municipal. Según relataron, al consultar si existían reportes reiterados, desde el Municipio les indicaron que no constaban denuncias formales, pese a los múltiples llamados realizados.

Esta ausencia de avances reforzó entre los vecinos la sensación de desamparo y la percepción de que no existen controles sostenidos ni medidas efectivas para abordar el conflicto.

Diálogo frustrado y reclamos que se repiten

Los residentes también señalaron que intentaron dialogar con responsables del lugar, incluidos encargados y uno de los socios, pero que las reuniones prometidas nunca se concretaron. “Escuchan el reclamo, pero después todo sigue igual”, resumió uno de los testimonios.

Además de la música, mencionaron situaciones vinculadas a la salida de clientes durante la madrugada, con gritos, consumo de alcohol, autos que frenan y arrancan frente a las viviendas y escenas que consideran inapropiadas para un entorno residencial.

El conflicto se repite semana tras semana y, según los vecinos, no se trata de un problema ocasional, sino de una situación sostenida en el tiempo. Reclaman controles reales de volumen, respeto por los horarios y un equilibrio entre la actividad comercial y el derecho al descanso.

En el cierre, remarcaron que viven en la zona desde antes de la apertura del lugar y que no se trata de locales comerciales, sino de familias que residen en departamentos linderos. “No es que nosotros llegamos después”, insistieron, y pidieron una intervención municipal que contemple el impacto en la calidad de vida de quienes viven allí.

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