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A un paso del mundo: la oportunidad que Canning todavía no terminó de aprovechar

Aeropuertos Argentina confirmó un plan de obras por US$110 millones para el Aeropuerto Internacional Ministro Pistarini (Ezeiza) durante 2026, en un año en el que el sistema aeroportuario nacional ya marcó un récord de 50,6 millones de pasajeros. Las obras incluyen una nueva plataforma con capacidad para siete aviones de fuselaje angosto, la rehabilitación de la pista secundaria 17-35, una ampliación de 1.200 m² en la terminal de arribos domésticos con cinco nuevas puertas de embarque, más de 1.700 dispositivos de control con tecnología biométrica y la finalización de la Terminal Única de Courier de 12.000 m² para carga. Los trabajos más intensos se concentrarán entre el 25 de octubre y el 11 de noviembre, con la pista principal operando a capacidad reducida.

Ezeiza ya es la terminal aérea más grande y moderna del país, con capacidad proyectada de 13 millones de pasajeros anuales una vez completadas todas las etapas de expansión, y concentra la enorme mayoría del tráfico internacional de la Argentina. Canning está, literalmente, a un paso de esa puerta de entrada al mundo. La pregunta que casi nadie se hace es si la zona está construyendo algo a la altura de esa cercanía, o si simplemente la deja pasar.

El modelo que ya funcionó en otras partes del mundo

En distintos puntos del planeta, la cercanía a un aeropuerto internacional de gran escala se transformó en motor de desarrollo urbano y económico: es lo que el urbanista John Kasarda bautizó como «aerotrópolis». Dubai es el caso más citado de aerotrópolis planificada desde cero con éxito: zonas logísticas junto a las pistas, un anillo intermedio de oficinas, hoteles y centros de convenciones, y barrios residenciales en los bordes exteriores. Algo similar se buscó en Dallas-Fort Worth (Estados Unidos) y en el área del aeropuerto de Ámsterdam-Schiphol.

Pero el modelo no es automático. Songdo, la ciudad construida desde cero junto al aeropuerto de Incheón, en Corea del Sur, muestra la contracara: pensada como aerotrópolis de manual —tren de alta velocidad, sedes universitarias internacionales, edificios inteligentes—, hoy buena parte de sus calles está semivacía porque nunca llegó a atraer a la población y las empresas para las que fue diseñada. Tener el aeropuerto al lado no alcanza: hace falta un plan.

Lo que ya juega a favor de Canning

  • Crecimiento inmobiliario sostenido de las últimas décadas, con una alta concentración de countries y barrios cerrados que ya posicionan a la zona como polo residencial de calidad.
  • Obras de conectividad en marcha en el corredor, como la transición de la Autopista Ezeiza-Cañuelas.
  • Instituciones deportivas y comunitarias locales con proyección cada vez más allá de lo barrial, que empiezan a mirar hacia afuera de Canning.

Lo que falta

  • Alternativas de conexión todavía más directas hacia el propio aeropuerto: la bajada de la Ruta 52 ya suma una mejora concreta, pero no alcanza como única vía de acceso pensada para ese movimiento.
  • Transporte público que acompañe ese movimiento, además del vehicular.
  • Comercios y servicios pensados para acompañar esa actividad: ninguna aerotrópolis se sostiene sin espacios de reuniones, gastronomía y propuestas comerciales orientadas a quienes se mueven por trabajo, comercio internacional o viajes.
  • Un plan formal — público o privado — que piense a Canning como zona de conexión global y no solo como suburbio residencial en expansión.

Lo que debería aprovecharse

La ampliación del área de carga de Ezeiza (la nueva Terminal Única de Courier y las bodegas de exportación de productos perecederos) abre una oportunidad concreta de logística y comercio exterior para la zona sur del conurbano. A eso se suma el margen para posicionar a Canning como base residencial y de servicios para quienes trabajan vinculados al comercio internacional, la aviación o el turismo — algo que hoy nadie está capitalizando de forma organizada.

La comparación con Dubai o con Songdo no es una promesa ni una garantía. Es una pregunta abierta: Canning tiene al lado la puerta de entrada más grande del país al resto del mundo. Lo que se construya — o no se construya — alrededor de esa cercanía en los próximos años va a definir si la zona la convierte en una ventaja real, o si queda como una oportunidad que pasó de largo.

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